4 de mayo de 2010

La marcha del 15, una movilización que va más allá del kirchnerismo

La movilización por la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual convocó a miles de personas. El 15 de abril la zona del Congreso cambió su habitual paisaje, de autos y colectivos, por innumerables banderas de diferentes corrientes políticas, agrupaciones estudiantiles, centro culturales, radios comunitarias y estudiantes universitarios. La convocatoria exigía que se aplique la nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.

Además de organizaciones sociales afines al kirchnerismo y otras no tan cercanas, aparecieron cientos de afiches que preguntaban: “¿Se puede ser periodista independiente y servir a la dueña de un multimedio que está acusada de apropiación de hijos de desaparecidos?”

La pregunta aún no encontró quién la responda, pero por las dudas, los periodistas Gustavo Silvestre, Gerardo Alfano, Marcelo Bonelli, Joaquín Morales Solá, María Laura Santillán, Santo Biasatti, Eduardo Van der Kooy y Nelson Castro, salieron rápidamente a defenderse del ataque y deslizaron la posibilidad que los afiches hayan sido impulsados desde Balcarce 50.

Rápida de reflejos cuando las cámaras se encienden, la oposición también dio declaraciones y en conferencia de prensa, el radical Oscar Aguad disparó: “Detrás de los afiches está la mano del Gobierno”. En la misma línea, el diputado del PJ Disidente, Felipe Solá señaló que la pegatina de afiches es una clara acción “fascista” y advirtió que nunca “se había visto algo así desde el regreso de la democracia”.

Mientras la prensa y los opositores se preocupaban más por saber quien pegó los afiches; la movilización del 15 de abril demostró que hay sectores sociales que apuestan a una participación comprometida, para que la ley de medios logre despertar del letargo jurídico que le impuso la justicia mendocina.

El día después

Al día siguiente de una agitada jornada, los diarios de tirada nacional opinaron sobre la movilización.

El “gran diario argentino” lanzó en su nota: “masiva marcha oficialista”, mientras que La Nación publicó en su volanta: “Movilización / Protesta contra la prensa” y decidió titular: “Críticas a la justicia por no avalar la Ley de medios”.

Por otro lado, el Diario Crítica señaló: “Marcha a Tribunales por la Ley de medios”; Página/12 decidió utilizar un textual para titular su crónica: “Hay que empujar a la justicia desde la calle” y por último, el diario Perfil, bajo una columna de opinión de Rodolfo Fogwill sostuvo: “Ley de Medios: el reflujo k gana la calle”.

Las diferentes maneras de titular de los medios gráficos reflejan los intereses que atraviesan a estas empresas. Para Clarín la marcha fue netamente oficialista y para Perfil se trata de un “reflujo k” que sale a las calles. Bajo estos titulares se va construyendo una sedimentación discursiva que reduce la política a una cuestión de “aparato”, entonces, según los medios de comunicación, las movilizaciones sociales sólo son posibles porque se tiene la “caja” y la “participación” existe porque hay una única orden, la de Cristina Fernández, que vive en “estado de crispación permanente”.

Si la oposición y los medios siguen leyendo la realidad política de esta manera, no hay dudas que Néstor o Cristina ganarán en el 2011. Sin embargo, la masiva movilización del 15 de abril, demostró que hay una Argentina que está en busca de una construcción política que va más allá del peronismo y sus diferentes variantes.

30 de abril de 2010

Ahora, a la Justicia

El economista José Alfredo Martínez de Hoz no podrá salir del país por orden del Juez Federal Norberto Oyarbide. Además, con la decisión de la Corte Suprema de Justicia, deberá dar las explicaciones que correspondan por el secuestro extorsivo del empresario Federico Gutheim y su hijo Miguel Ernesto, ocurrido en noviembre de 1976.

Desde este espacio festejamos la decisión de la justicia para que este hombre explique que pasó con el empresario que fue detenido mediante un decreto firmado por Jorge Rafael Videla. Si la Justicia prueba su inocencia, el hoy anciano podrá continuar con su vida cotidiana. En cambio, si las pruebas demuestran que tuvo responsabilidad en el secuestro de los Gutheim, deberá quedar preso en una cárcel común, como están Videla y Reynaldo Bignone, este último, condenado el pasado 20 de abril a 25 años de cárcel por ser el responsable del secuestro, tortura y desaparición de varios compañeros militantes.

Estimado Martínez de Hoz: no gaste su dinero en solicitadas en los grandes monopolios de información. Usted no es un perseguido político y el gobierno poco tuvo que ver en la decisión de la Corte. Piense, reflexione, busque un buen abogado y enfrente a la Justicia.

Cuando la oveja negra se reproduce, el pastor entra en pánico

Mucho se ha hablado últimamente del programa televisivo “678” (Canal 7). Elogios y críticas, vivas y detracciones, amores y odios. Quienes lo ven, se reivindican integrantes de “la mierda oficialista”; quienes no, se justifican diciendo que es “propaganda del Gobierno”. Sin dudas estamos ante un producto televisivo interesante para el análisis.

Algunas preguntas que podemos hacernos: ¿por qué este programa genera opiniones tan opuestas? ¿Cómo puede tener más de 150 mil seguidores en Facebook y a la vez recibir duras críticas de parte de periodistas, intelectuales y público en general?

El fenómeno 678

678 reúne ciertos elementos que lo ubican dentro del género de programa periodístico: un moderador, panelistas, informes de actualidad y debate. Lo que lo diferencia de otros programas del género y que es, a mi entender, su principal atractivo, es la lectura crítica que realizan sobre el discurso de otros medios de comunicación. Ésta, por otra parte, se articula con una función pedagógica no declarada: la de enseñar al televidente a leer “entre líneas”, a no quedarse con una sola información y a relacionar el discurso informativo con la propiedad de los medios. Además se remarca que todo discurso es subjetivo y toda noticia, una construcción que responde a diferentes intereses.

Una de las críticas más recurrentes que se le hacen al programa es la de invitar sólo a personalidades oficialistas o que piensan como ellos. Esta idea es falsa si tenemos en cuenta que en reiteradas pasaron por el programa legisladores de la oposición. Entre otros se pueden mencionar a Ricardo Alfonsín (UCR), Margarita Stolbizer (GEN), Carlos Raimundi (SI), Martín Sabbatella (Nuevo Encuentro) y Luis Zamora (Autodeterminación y Libertad), actualmente sin cargo político.

En algunos encuentros se vieron fuertes cruces entre panelistas e invitados como el de Victoria Donda (Libres del Sur) y Orlando Barone, respecto a la denuncia penal que la diputada le realizó a Cristina Fernández por el uso de reservas para pagar la deuda. O también el que protagonizaron Torcuato Di Tella y Sandra Russo, acerca de si era o no momento de discutir una nueva Ley de Medios: el sociólogo sostenía que existían cuestiones más urgentes que atender, poniéndose a la altura de Mauricio Macri, Francisco De Narváez y Julio Cobos quienes utilizaban ese mismo argumento en su estrategia dilatoria.

Algunos críticos extienden la anterior objeción a toda la programación de canal 7, atribuyéndole ausencia de pluralidad y acusando al Gobierno de adueñarse de la tv pública. Un ejemplo es el de Beatriz Sarlo, quien le adjudica al canal un “impertérrito oficialismo” (La Nación, 25/03/10). Desde luego tendrá sus motivos para tal calificación pero evidentemente la escritora sufre de amnesia crónica, de otra manera no se entiende cómo puede escribir para La Nación y Clarín, o salir por TN para la cruzada contra la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, luego de haber sido tan crítica de los monopolios mediáticos hasta mediados de los ’90.

Si bien es cierto que habría que analizar y discutir qué idea de “público” promueve canal 7 y todo el Sistema Nacional de Medios, también es cierto que esta “confusión” entre lo “público” y lo “gubernamental” en el canal se presentó siempre, lo que no le quita responsabilidad a sus actuales directivos.

Sin embargo, esa discusión debería darse en el marco de un debate más amplio, acerca del desigual reparto de todas las frecuencias de televisión y radio y no sólo de las públicas, ya que el espacio radioeléctrico es propiedad exclusiva del Estado, esto es, de todos los argentinos y no de empresas privadas, quienes sólo poseen una licencia para su uso por un plazo determinado. Es decir que en lugar de ensañarse con canal 7, los críticos deberían ser igual de estrictos con el resto de los medios de comunicación. En definitiva, se trata de “una espada de telgopor frente a un gigante de acero”, como le gusta decir al actual titular de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (ex COMFER), Gabriel Mariotto. De aquí se desprende la importancia de la inmediata aplicación de la nueva Ley de Medios, aprobada por ambas Cámaras en octubre de 2009.

También debemos mencionar que muchos de los que hoy acusan de falta de pluralidad a canal 7, fueron cómplices de su vaciamiento durante el menemismo, época que contrasta notablemente con el presente, en el cual se ofrece una programación variada y de muy buena calidad.

Todo o nada

Volvamos al programa. En el encabezado preguntaba acerca del por qué de las opiniones encontradas. Una respuesta posible podría ser que las visiones maniqueístas que plantean desde el oficialismo y desde la oposición y sobre todo desde los medios hegemónicos, tienen su correlato en 678.

Es cierto que últimamente los conflictos se vienen planteando bajo una recurrente dicotomía: o se está “con el Gobierno” o se está “con la oposición”. Ahora bien, ¿son siempre posibles los matices? Creo que por más que en la mayoría de los casos podamos encontrarlos, existen coyunturas que exigen dejar su análisis para otro momento, con el riesgo que esto implica.

En este sentido, el programa 678 decide correr ese riesgo. La estrategia de polarización y acentuación de las diferencias utilizada, tiene el objetivo de contrarrestar la formación de opinión de los medios hegemónicos. Es decir, al extremar los puntos de vista, 678 motiva en el televidente una mirada crítica hacia los discursos establecidos y así lo incita a asumir un rol activo frente a determinadas cuestiones.

A diferencia de lo que hacen otros periodistas, quienes integran 678 exponen abiertamente sus opiniones y toman posición frente a los distintos temas de la agenda pública, sin ocultarse detrás de las falsas etiquetas de “periodistas independientes” o “periodistas objetivos”. Son estos últimos, justamente, quienes describen al programa como “la muestra más chabacana, zafia, burda y grosera de propaganda oficial que alguien pudiera imaginar” (Perfil.com, 21/04/10).

Como no dudan en manifestarse a favor del Gobierno, los panelistas del programa son tildados de “empleados a sueldo del oficialismo” por la resentida clase media, la cual, rayando lo cómico, se jacta también de pagar estos sueldos con el dinero de sus impuestos. ¿No será el acostumbramiento a tanto discurso “anti-K” la causa de esta paranoia que sólo permite ver arreglos oscuros cada vez que alguien habla bien del Gobierno?

Del “hop-hop” al “Club de la buena onda” y el Facebook

Para terminar, dos puntos a modo de advertencias. El primero en realidad no es mío sino del sociólogo y filósofo Pablo Alabarces quien observó el riesgo que se corre con el “Club de la buena onda”. Según el investigador se estaría próximo al “pum para arriba” de Tinelli y al “hop-hop” de Raúl Portal (o a aquella vida de “Carnaval” y sin desigualdad que nos cantaba Celia Cruz). Está claro que la intención de 678 no es ésta, sino la de hacer foco en “la mitad llena del vaso” y, a su vez, contrarrestar el bombardeo de malas noticias de los medios hegemónicos, para los que lo único importante de la Asignación Universal por hijo son las “largas colas en el ANSES” ("Arriba argentinos", TN). Sin embargo, creo que la advertencia de Alabarces es para tener siempre presente.

El segundo punto se refiere al grupo denominado “678-Facebook” y la movilización del 9 de abril, en reclamo de la aplicación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Creo necesario hacer una observación respecto a la calificación de “auto-convocatoria” que tuvo la movilización. En general ese término es utilizado por quienes son reacios a la política o se definen como “ciudadanos comunes” o “a-políticos”, como pretendiendo “estar fuera” sin darse cuenta que están tan adentro como los otros. Estoy seguro que no es éste el caso del grupo 678-Facebook: alcanza con sólo leer parte de las discusiones que se dan en este espacio para darse cuenta. Sin embargo, no me parece apropiado el uso del término, sobre todo cuando se trata de un programa que aspira a derribar los discursos establecidos.

Tampoco creo convenientes pancartas como las que dicen “No venimos por el choripán” ya que, en el intento de contestar a quienes tratan de quitarle legitimidad a las movilizaciones políticas, terminan separándose también de aquellos militantes que son estigmatizados con esas frases. Por lo demás, la movilización merece todos mis elogios.

J.M.J.

12 de marzo de 2010

El imperio contraataca

Finalmente llegó el día que las oposiciones políticas y de la corporación mediática estaban esperando. El 1º de marzo la presidenta Cristina Fernández abrió las sesiones ordinarias del Congreso de la Nación y el resultado de los comicios del pasado 28 de junio se reflejó en las bancas: el kirchnerismo dejó de tener la “mayoría automática”. Sin embargo, el oficialismo mantiene la supremacía en ambas cámaras como primera minoría, dato no menor si tenemos en cuenta los esfuerzos de TN & cía. por instalar en la opinión pública la idea de una “dura derrota K” (titular del 3 de marzo), o si recordamos la apocalíptica frase de Elisa Carrió quien sentenció la “muerte política de Néstor Kirchner” luego de las últimas elecciones.

También debemos tener en cuenta la condición de primera minoría para analizar la ilegítima nueva composición de las Comisiones: la oposición pasará a tener mayoría en todas ellas y a tener la presidencia de 13 de las 25 que forman el total. Como dice Miguel Ángel Pichetto, jefe del bloque oficialista en la Cámara alta, se está violando el principio de proporcionalidad y “estamos ante una nueva alianza de sectores enfrentados que se juntan para hacerles daño al Gobierno, a la Presidenta y al país”. En otras palabras, una suma de pequeñas minorías se adueñó del Senado.

La selección nacional (y popular) contra el resto del mundo

Para graficar el nuevo escenario político quizás sea útil pensar en esos partidos amistosos en los que una selección nacional enfrenta a un combinado de jugadores de distintos países. De un lado, un equipo consolidado, seguro de sí mismo, tal vez con algunas pequeñas fisuras pero, en definitiva, un equipo funcionando como tal. Del otro lado, un combinado de jugadores de distintos países que quizás nunca hayan jugado juntos y tal vez ni siquiera hablen un mismo idioma, pero que se han reunido por única vez con un único objetivo: la derrota de su adversario (hasta el momento, imbatible).

Pero este partido, de “amistoso” no tiene nada. Y es tan reñido que su inicio tuvo que postergarse una semana debido a que Menem se pegó el faltazo a su banca del Senado, dejando a la oposición sin quórum propio y permitiendo que el oficialismo se retirara del recinto. Por supuesto que no tardaron en llegar los rumores de un posible arreglo entre el kirchnerismo y el senador riojano, pero estos fueron desmentidos unos días después cuando Menem alzó su mano y se convirtió en el “jugador estrella” de la oposición. Todos atrás y Menem de nueve.

El combinado del resto del mundo cuenta también con el vicepresidente Julio Cobos, jugador recordado por aquel famoso voto “no positivo” durante el debate por la Resolución 125 y la posterior entrada triunfal en su Mendoza natal. Sin embargo, también se lo debe recordar por integrar la fórmula que llevó a Cristina Fernández a la presidencia, aunque hoy parezca una broma. Sin lugar a dudas, Cobos siempre jugó con la camiseta de la oposición debajo. ¿Acaso no dice el dicho “cría Cobos y te sacarán los ojos”?

Elisa Carrió y Gerardo Morales se disputan la cinta de capitán a fuerza de decir el disparate más grande: la diputada de la Coalición Cívica, denunciando penalmente a la Presidenta, al Gabinete y al directorio del Banco Central (BCRA) por “desobediencia judicial”; el senador de la UCR declarando y luego publicando en su blog personal que “mientras Cristina estaba hablando en el Congreso, en el Banco Central estaban manoteando las reservas (sic). El gobierno lo toma como una competencia. Se creen los más vivos. Es lamentable”.

Ernesto Sanz (también de la UCR), un poco más medido, se comparó con el oficialista Agustín Rossi señalando que este último “anda queriendo apagar los incendios con nafta” y que él, por el contrario, siempre tiene un balde de agua a mano. El problema es que, al parecer, el balde de Sanz tendría el agua que Bilardo le dio a Branco; de otra manera no se explica que haya manifestado que “ganamos por goleada” al salir del recinto, luego de la sesión en que se repartieron las Comisiones. Declaración desafortunada que sin embargo no supera la vertida en enero en referencia a la suspensión del viaje de Cristina Fernández a China; en esa ocasión manifestó que “La Presidenta utiliza a Cobos como excusa para esconder su incapacidad […] su propia torpeza le impide resolver los conflictos judiciales y fiscales, que son los verdaderos problemas que ellos mismos generaron”.

También juegan en este combinado, entre otros, los incansables Adolfo Rodríguez Saa, Juan Carlos Romero y Carlos Reutemann, cada uno preocupado por cuidar su quintita, mientras que la diputada todo terreno Patricia Bullrich, siempre se acomoda de acuerdo a sus intereses en el campo de juego.

Ahora bien, dejando la ironía de lado, ya que la realidad es un poco más compleja que la de un partido de fútbol, no podemos negar sin embargo que el conglomerado opositor parece tener sólo una idea clara: estar en contra del Gobierno. Detrás de eso sólo existen incongruencias y contradicciones, disputas por candidaturas y chicanas. ¿Propuestas? ¿Soluciones? Bien, gracias.

El fantasma del corralito

En un nuevo intento desestabilizador, la oposición agitó un viejo fantasma, quizás más eficaz que el de la inflación: “Quieren quedarse con los ahorros de los argentinos” advirtió el diputado de la UCR Oscar Aguad en el programa televisivo “A dos voces” (TN), en referencia al uso de las reservas del BCRA para el pago de deuda. Una frase alarmista, malintencionada y además, imprecisa, ya que las reservas no son “ahorros” sino divisas que respaldan el dinero en circulación, los depósitos y demás pasivos. Vale aclarar que gran parte de la acumulación de estas reservas está relacionada con el superávit que la economía nacional viene produciendo desde el 2003 en adelante. En general siempre se ha sostenido que las reservas sólo deben ser utilizadas para evitar “corridas cambiarias” y “fuga de capitales”, pero también desde una política “heterodoxa” (la que impulsaría la recientemente nombrada presidenta del BCRA Mercedes Marcó del Pont) pueden ser utilizadas para contribuir al desarrollo productivo.

Los “ahorros de los argentinos”, por el contrario, se encuentran en las cajas de ahorro y plazos fijos de los distintos bancos. Y es curioso que Aguad se haya confundido al hablar de “ahorros”. Durante el Gobierno de la Alianza fue hombre de confianza de Fernando De la Rúa y de Ramón Mestre, motivo por el cual fue nombrado interventor de la provincia de Corrientes en marzo de 2001, gestión por la que luego sería acusado de “administración infiel” por no poder justificar la utilización de 45 millones de dólares de un préstamo del Banco Nación. Seguramente Aguad también estaba confundido en aquel momento, como también cuando la Alianza diseñó el “Corralito” a fines de ese año. ¿Tendría en ese entonces la misma preocupación por los “ahorros de los argentinos”?

En sintonía con la declaración de Aguad, en el programa “Desde el llano” (TN) el diputado de la Coalición Cívica Alfonso Prat Gay sentenció: “La gente en la calle está preocupada por el uso de las reservas”. Seguramente él también esté preocupado, o por lo menos es lo que nos quiere hacer creer. Ahora bien, ¿estaría igual de preocupado si todavía trabajara en la Banca Morgan, institución líder en la especulación financiera, sospechada de operaciones de fuga de capitales y lavado de dinero, y protagonista en el “Megacanje” de 2001, transacción que dejó parte de la abultada deuda que se está intentando pagar hoy con las reservas?

Desmemoria y eliminación de la historia, mecanismos que responden a determinada ideología. Pero también ocultamiento de los verdaderos fines porque detrás de esta “preocupación por los ahorros de los argentinos”, se encuentra la intención de pagar la deuda con ajuste fiscal y así mantener altas las reservas, pudiendo disponer de ellas luego de 2011 si algún partido del conglomerado opositor llega a la presidencia.

¿Desensillar hasta que aclare?

Ante este panorama la frase del General Perón cobra vigencia pero en tono de pregunta. No sabemos hasta cuándo el Gobierno Nacional mantendrá la intransigencia en su decisión de utilizar las reservas para el pago de deuda. Tampoco sabemos qué costo político tendrá esa postura. Aparentemente, la idea es no dar señales de debilitamiento.

Como decía más arriba, perder la mayoría automática en el Congreso no significó dejar de ser primera minoría. A partir de ahora la clave estará en la negociación, pero esto no se traduce en una pérdida del timón. Al parecer, esta seguridad es la que siente la Presidenta y la tropa kirchnerista. En cada discurso, la Jefa de Estado anuncia que no dará marcha atrás con las medidas tendientes a profundizar un modelo de país más justo y equitativo.

Veremos cómo se siguen desarrollando los hechos. Habrá que estar atentos a los movimientos de una oposición que, si bien heterogénea y carente de programa conjunto, no titubeó para copar las Comisiones violando el reglamento parlamentario (con la complicidad de Julio Cobos) ni para rechazar el nombramiento de Marcó del Pont al frente del BCRA. Habrá también que apelar al archivo para analizar cómo condenaban los medios masivos las acciones del oficialismo y cómo informan ahora, casi auspiciosamente, acerca de la avanzada opositora.

J.M.J.

14 de enero de 2010

Cobos al Gobierno, Clarín al poder

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner demostró que no le falta voluntad política para decir lo que todos saben pero pocos quieren reconocer: Cobos presidente 2011.

El hombre mendocino que fue “expulsado de por vida” de la centenaria fuerza radical, hoy es el mejor candidato de la UCR. Parece mentira, parece un chiste, pero es verdad. Los radicales -que nunca terminaron un mandato constitucional desde 1930- ahora se ilusionan con tomar el poder como se pueda.

El actual vicepresidente se encargó de anunciar que “la UCR tiene que demostrar que puede gobernar”. Un radical de la provincia de Buenos Aires -que se declara cobista- vaticinó hace un año atrás: “Cobos no tiene estructura para gobernar, solo podrá hacerlo con un acuerdo del PJ disidente. Ellos le deberán alambrar la provincia para que no se lo coman vivo”. La frase demuestra que ni los propios soldados del vicepresidente se animan a gobernar el país si ganan en el 2011.

Sin embargo, el radical Gerardo Morales, senador jujeño que deberá explicar su incremento patrimonial en su provincia, se muere por lograr algo inédito: que un vicepresidente se convierta en el líder de la oposición y gane las elecciones en 2011. Morales se juega su vida política entre sus correligionarios. No olvidemos que fue él mismo quien llevó a Roberto Lavagna como candidato a presidente en las elecciones del 2007. En aquella contienda electoral la UCR arañó el 17%.

Cristina contra Cobos

En su discurso desde la Casa Rosada la presidenta habló sin pelos en la lengua: "Tenemos un vicepresidente que hace cualquier cosa menos ser vicepresidente, parece que quiere ser presidente antes de 2011".

Como corresponde, y no “como de costumbre” -como escribió el Diario Perfil en su página de internet- Cristina señaló: "Esta debe ser la cuarta o quinta vez que se embarga a la Argentina. Ayer el diario Clarín publicaba que un juez de EE.UU. podría embargar las reservas del Central. Adentro estaba la foto del juez Griesa, curioso, ¿no?" y fustigó contra el Diario La Nación: "si uno quiere leer qué va a pasar con la Justicia internacional puede recurrir al diario Clarín y si quiere saber qué ocurrirá a nivel nacional, puede leer el diario La Nación", puntualizó.

En tanto, los medios no se cansan de colocar en sus títulos o volantas: “crisis institucional”, “conflicto abierto”, “escepticismo de los mercados”, “los K contra Redrado”, “se violó la autarquía del Banco Central”, entre otros tantos titulares. Los “medios” vuelven a enmascarar su posición política bajo el eufemismo de la libertad de expresión o el derecho de la sociedad a estar informada.

La presidenta ataca a Clarín -y Clarín a la Presidenta- porque el gran diario argentino cree que tiene la capacidad de tomar decisiones políticas, hacer futurismo económico, y sobre todo, alimentar la especulación financiera y desgastar a presidentes en ejercicio, es decir, elegidos por el voto popular cada cuatro años.
A modo de ejemplo, vale la pena pensar el rol de Clarín desde el 10 de diciembre de 1999 hasta los agitados y calurosos días del 19 y 20 de diciembre de 2001, cuando Fernando de la Rúa abandonó la Casa Rosada en helicóptero.

Clarín se benefició con el modelo económico de la última dictadura militar, del menemismo y con la devaluación de Duhalde. Y también hay que decirlo, bajo el modelo económico sostenido por el kirchnerismo desde el 2003.

El problema de Clarín se llama Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. El multimedio sabe que su monopolio tiembla, y no tiene mejor idea que perturbar a sus lectores con editoriales que no escatiman en utilizar la palabra “autoritarismo” o mediante columnas de opinión que refuerzan la idea de que el Gobierno está a la deriva; y se empeña en que sus especialistas en economía y política, escriban acerca de la debilidad de “un gobierno que perdió el rumbo”. Claro, el rumbo que los beneficia a ellos.

19 de noviembre de 2009

A desalambrar


El pasado 10 de octubre fue promulgada la Ley de Servicios de
Comunicación Audiovisual en el Senado, sepultando definitivamente la reaccionaria 22.285 de la dictadura y sentando las bases para una genuina democratización de la comunicación. Tuvieron que pasar casi treinta años para que luego de varios
tímidos intentos de modificación, llegara un gobierno con firmes convicciones de enfrentarse a los oligopolios mediáticos.

Desde la mañana anterior se habían concentrado frente al Congreso de la Nación las organizaciones pertenecientes a la Coalición por una Radiodifusión Democrática. Junto a ellas, otras organizaciones, estudiantes y ciudadanos que adhirieron al proyecto, también dijeron presente. Por la tarde hubo lugar para la presentación de cantantes populares en un escenario montado sobre la avenida Entre Ríos y para la transmisión de los acontecimientos desde un estudio de Radio Cooperativa instalado en medio de la plaza.

Ya todos sabemos que en realidad fueron estas organizaciones las que le dieron origen al proyecto en los famosos “21 puntos”, los cuales luego retomaría la Presidenta Cristina Fernández. Pero a su vez, son estas organizaciones también las que le dan razón de ser a la flamante Ley, es decir: de nada servirá la Ley si no permite que estos sectores se apropien de esos espacios que les otorga la misma.

No quiero decir con esto que las organizaciones no estén capacitadas para hacerlo ni tampoco, como se dijo por ahí, que el oficialismo haya utilizado a las organizaciones para darle legitimidad a un proyecto que no persigue en absoluto la democratización de la comunicación sino el mero control de los medios, o que sólo licenciará a organizaciones afines al gobierno. Nada más lejos de mi pensamiento. Me refiero a que ya habiéndose dado el marco jurídico para la apertura del espectro radioeléctrico hacia otros sectores, quizás haya que pensar ahora en algún tipo de sistema de financiamiento para que estas organizaciones puedan equiparse. Por supuesto esto no debería funcionar como una censura encubierta, es decir, que el financiamiento le abra la puerta al gobierno para fijar ciertos contenidos. La idea sería diseñar un sistema de financiamiento estatal equitativo e independiente, para el desarrollo de nuevos medios de comunicación radiales y televisivos, así como el fortalecimiento de los ya existentes (hablamos en ambos casos de medios sin fines de lucro).

Con gustito a revancha

Las horas avanzaban y los oradores de las distintas fuerzas políticas exponían sus argumentos. El debate cada vez se hacía más acalorado. Afuera, una multitud aguardaba el final. Todos repetían que los votos ya estaban pero lo cierto es que bien entrada la madrugada, el fantasma de la 125 amenazaba: el sólo hecho de pensar en un nuevo voto “no positivo” de Cobos, daba escalofrío. Sin dudas, un nuevo revés hubiese sido de un altísimo costo político.

Era difícil pensar en la posibilidad del tratamiento del proyecto de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual luego del resultado de las elecciones legislativas de junio. Ni el más optimista hubiese afirmado que apenas tres meses después de la “gran derrota”, la Ley estaría promulgada y creo que hasta el propio oficialismo se sorprendió de cómo se fue dando el proceso. No obstante, supo aprovechar la oportunidad.

Desandar el camino que guió al proyecto hacia el Congreso nos lleva al 11 de agosto, día en que se celebró el convenio entre la AFA y el Estado para la televisación de los partidos de Primera División. Si bien ya existía la idea de intervenir en esta cuestión (véase el artículo 65 del proyecto original presentado por la Presidenta el 18 de marzo en la ciudad de La Plata), el conflicto de los clubes con sus jugadores por las deudas salariales y la posibilidad de que esto llevara a una huelga que retrasara el inicio del torneo, fueron motivos suficientes para que el gobierno se adelantara al tratamiento del proyecto y realizara una tentadora oferta a la AFA.

Este hecho fue clave para instalar el debate acerca de la importancia de cambiar la arcaica Ley de Radiodifusión firmada por Videla. A su vez, para el Grupo Clarín significó una importante pérdida de poder: despojado de uno de sus principales generadores de ganancias, comenzó entonces una inescrupulosa campaña de demonización del proyecto oficialista. El resto de los medios hegemónicos, las entidades de medios privados y por supuesto, gran parte de la oposición, también fueron de la partida. Así se llegó al 9 de octubre.

Todo pasa y todo queda…

Una de las ideas que más se repitieron en los días previos a la votación en el Senado, fue la de que las intenciones del gobierno con esta Ley no eran otras que el ataque hacia el Grupo Clarín. Haciendo un dramático papel de víctima, el mencionado grupo se escudó permanentemente en una ficticia libertad de expresión para ocultar sus reales intenciones de vaciar de contenido el debate por la democratización. Asimismo, quienes hablaban de “Ley K” y de “debate express” borraban el verdadero origen del proyecto y el trabajo que en los últimos cinco años se vino realizando en el espacio de la Coalición por una Radiodifusión Democrática.

Y si, en efecto, además de abrir el espectro mediático a otros sectores, la Ley constituyera un “ajuste de cuentas” con el Grupo Clarín, yo pregunto: ¿Qué hay de antidemocrático en querer poner límites al poder económico-mediático? En definitiva, ambas cuestiones van de la mano: quitarle a unos para darle a otros.

Lo cierto es que la lucha no fue en vano ya que quedó plasmada en una Ley. Ahora es importante defenderla de la misma manera en que se apoyó el proyecto: con el debate y la discusión pero también con la apropiación de los medios por parte de las organizaciones sociales, medios que ahora sí están a su alcance. A la vez, ofreciendo un buen servicio de información (para demostrar que un medio comunitario no es sinónimo de baja calidad informativa) y generando vínculos con la población a partir de dar respuesta a sus verdaderas necesidades.

Una última (y fundamental) cuestión: la importancia de tener memoria. Durante estos meses de fuertes debates, quedó al descubierto quiénes son los propietarios de los medios de comunicación y a qué intereses responden. También quedó explicitado por qué se informa de una u otra manera y cómo esto tiene que ver con las intenciones que se persiguen. Se vino abajo, al fin (aunque muchos emisores y receptores se empecinen en seguir sosteniéndola), la idea de que los medios son reflejo de la realidad y que informan con objetividad. Creo que a la hora de seguir pensando qué comunicación queremos para la Nación, no debemos olvidarnos de todo esto.

J.M.J.

Imágenes de la concentración en el Congreso






Banderas y más banderas que le dieron color y calor a la noche. Detrás, el imponente edificio del Congreso, testigo una vez más de una gesta histórica.




La imaginación al poder y el blanco preferido: el Grupo Clarín.
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